(CNNMéxico) — El Reclusorio Sur de la Ciudad de México fue el escenario donde se realizaron los primeros juicios orales de la ciudad.
En 2008, el Congreso aprobó diversas reformas en materia judicial para adaptar los juicios orales a la impartición de justicia en el país. Sin embargo, junto con el Distrito Federal apenas son 9 de 32 entidades las que han adaptado esta modalidad.
El propósito de la reforma es que a partir de 2016 el país deje de aplicar el sistema de justicia inquisitorio, basado en la integración de expedientes escritos, a uno acusatorio, fundamentado en juicios orales públicos en los que se confronten la autoridad y el abogado defensor de un acusado.
En esta primera ocasión se atendieron en el primer Juzgado presidido por la jueza Belén Bolaños los casos de Édgar Manuel Martínez Aguilar, sentenciado por abuso sexual agravado; Agustín Martínez González, por violación equiparada agravada; y Eduardo Morgan por robo agravado, quienes solicitaron el beneficio de la remisión parcial de la pena, o libertad anticipada, informó la agencia estatal Notimex.
Los tres casos fueron procesados por la juez en escasos 30 minutos. Al primero de ellos se le negó la libertad anticipada; mientras que a los otros dos sentenciados les resultó favorable, difundió la agencia.
El presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (TSJDF), Édgar Elías Azar indicó que con esta modalidad se resuelven en cuestión de minutos procesos que en el pasado tardarían años en desahogarse.
Explicó que en los dos Juzgados de Ejecución de Sanciones se atenderán en promedio 100 casos cada semana, por lo que pronto se verán rebasados. Confió en que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal asignará los recursos necesarios para solventar los juicios orales.
El juicio oral
La jueza Beatriz Segura Rosas atendió el caso de Hugo Martínez Flores de 36 años de edad sentenciado a ocho años seis meses 28 días por el delito de violación impropia.
En el recinto, la juez estuvo sentada en su mesa de trabajo en un escalón arriba de los demás. Del lado derecho al abogado defensor de oficio, y a su lado izquierdo a la Agente del Ministerio Publico. Detrás de una rejilla junto a la juzgadora se ubicó al reo sujeto al proceso.
El beneficio solicitado se concede con base en el número de días trabajados: por cada dos días de jornada laboral se reduce en un día la sentencia que le fue impuesta.
El abogado defensor de Hugo Martínez acreditó que su defendido cumplió con mil 796 días laborados, los cuales, sumado al tiempo que ya cumplió en prisión, representan ocho años cinco meses y dos días de jornadas laborales.
La agente del Ministerio Público, Leticia Pérez argumentó que este tiempo no era suficiente para alcanzar su liberación.y señaló que el área sicológica y criminológica determinaron que no es apto para la liberación.
El abogado defensor resaltó las actividades educativas culturales, su condición de salud y su buena conducta, de los cuales la jueza determinó que son factores “que no influyen determinantemente en su liberación”.
Después de algunos minutos de deliberación, la jueza Segura Rosas le negó el beneficio y procedió a atender el siguiente caso de acuerdo con la orden del día.
Retraso en congresos estatales
Los congresos de los estados han retrasado las modificaciones que deben de hacer a sus leyes para adecuarlas a la Reforma constitucional de Seguridad y Justicia Penal.
Tampoco la Procuraduría General de la República ha cumplido con las capacitaciones necesarias para que los fiscales puedan exponer sus pesquisas de forma oral.
Además, se prevé que en los juicios públicos se puedan instalar cámaras de manera que se puedan seguir los procesos desde otras salas o vía internet.
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jueves, 28 de febrero de 2013
JUICIOS ORALES EN MÉXICO
MÉXICO, D.F.- El objetivo es improrrogable: para 2016 en todo México debe aplicarse el nuevo sistema de justicia penal adversarial (juicios orales), que hoy opera en su totalidad en sólo tres estados.
Para acelerar el proceso, el gobierno federal diseña un plan estratégico para que todas las entidades y la federación cumplan con la meta; además, en los próximos días se destinarán 458 millones de pesos como subsidios que se destinarán a cada estado para este año, que se invertirán en capacitación, infraestructura y tecnología, entre otros rubros.
María de los Ángeles Fromow, titular de la Secretaría Técnica del Consejo de Coordinación para la implantación del Sistema de Justicia Penal (Setec), en entrevista con EL UNIVERSAL reconoce que el desafío es complejo, pues quedan menos de cuatro años para alcanzar el objetivo, y el avance en los estados ha sido diferenciado, hay rezagos, pero señala que existe voluntad política para dar un renovado impulso a este proceso que transformará la justicia en México.
“Es un gran reto, es unir las voluntades políticas de tantos actores, de tantos factores que deben darse para que la reforma sea una realidad”, indica la funcionaria designada por el presidente Enrique Peña Nieto para concretar el nuevo sistema de justicia en el país, donde Chihuahua, Morelos y estado de México tienen el liderazgo, en contraste con entidades rezagadas como Colima y Distrito Federal.
Creo que una de las cosas fundamentales es la voluntad política y creo que esa voluntad está en la mesa. Se ha visto incluso en el Pacto por México, que existe el compromiso de los tres partidos más importantes del país, de que este punto de impartición de justicia, de impulsar un Código Único sea una prioridad, lo que le da un giro de 180 grados, donde las entidades tienen claridad de que esta reforma ni se va a ir más allá ni se va a dejar de hacer, el objetivo es tener un mejor sistema de justicia.
Fromow Rangel señala: “Setec es una instancia concretamente de tejer redes, alianzas, liderazgos a lo largo de todo el país, y tenemos tres estados que hoy tienen completados sus sistema de justicia, que están en una fase todavía de estar haciendo ajustes; y nos va a fortalecer ir tomando esta experiencia de los estados que van más - avanzados para impulsar a las entidades que requieren acelerar la implementación.
Estamos trabajando en el plan estratégico a partir de un diagnóstico situacional de cada una de las entidades federativas, para generar una asistencia técnica de forma muy efectiva. En términos generales, hoy sabemos que tres estados ya tienen su implementación total, pero hay diez estados que la tienen parcial; siete más van a entrar en operación este año, otros dos más en 2014 . En Hidalgo estamos impulsando que sea este año, y con el Distrito Federal y Colima estamos trabajando para que puedan emitirse las disposiciones legislativas lo antes posible.
También se revisaron las políticas para otorgar subsidios, “buscamos como podríamos eficientar y acelerar el otorgamiento de los mismos; hoy estas políticas están en la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), que es realmente un paso acelerado. Esperamos que en algunos días podamos ya estarlas publicando”; adelantó que entre los requisitos estará el que se erogue 100% de los recursos, totalmente comprobados y utilizados para la implementación del sistema a final del año.
La fórmula, a través de la que se distribuirán los 458 millones de pesos para las 32 entidades, atenderá criterios como población, incidencia delictiva, avance en la implementación del sistema, “todos estos elementos se conjugan, pero con mayor transparencia, son muy pocos los recursos de Setec si los comparamos con lo que se requiere, ya que realmente las inversiones significan muchísimo más para poner en práctica este sistema”, reconoce.
Además se buscan otras fuentes de financiamiento, como fondos ya destinados al tema de seguridad, pues no se puede olvidar que varios actores están involucrados en el proceso: policías, procuradurías, peritos, defensores, jueces, etc., “entonces las cantidades que tiene Setec es una pequeña parte, como un fondo semilla que ayude a los estados”.
Fromow destacó además que también se cuenta con aliados claves como los gobiernos de Estados Unidos, Chile y España, entre otros, que han compartido su experiencia, y seguirán colaborando con México, en temas como la capacitación como los más de 200 instructores de la Setec, certificados por las autoridades estadounidenses que replicarán por todo el país, en la práctica, el nuevo sistema entre todos los actores implicados, entre los que también están defensores de oficio y abogados.
La funcionaria sabe que en el camino habrá resistencias, pero también que es “un momento de quiebre de todo nuestro sistema de justicia”, y en el proceso hay una señal clara para quienes no sabían qué pasaría con el cambio de administración: “El presidente ha pedido que se acelere la implementación, que se haga en el menor tiempo posible”.
Para acelerar el proceso, el gobierno federal diseña un plan estratégico para que todas las entidades y la federación cumplan con la meta; además, en los próximos días se destinarán 458 millones de pesos como subsidios que se destinarán a cada estado para este año, que se invertirán en capacitación, infraestructura y tecnología, entre otros rubros.
María de los Ángeles Fromow, titular de la Secretaría Técnica del Consejo de Coordinación para la implantación del Sistema de Justicia Penal (Setec), en entrevista con EL UNIVERSAL reconoce que el desafío es complejo, pues quedan menos de cuatro años para alcanzar el objetivo, y el avance en los estados ha sido diferenciado, hay rezagos, pero señala que existe voluntad política para dar un renovado impulso a este proceso que transformará la justicia en México.
“Es un gran reto, es unir las voluntades políticas de tantos actores, de tantos factores que deben darse para que la reforma sea una realidad”, indica la funcionaria designada por el presidente Enrique Peña Nieto para concretar el nuevo sistema de justicia en el país, donde Chihuahua, Morelos y estado de México tienen el liderazgo, en contraste con entidades rezagadas como Colima y Distrito Federal.
¿Qué ha hecho falta para acelerar la implementación del sistema?
Creo que una de las cosas fundamentales es la voluntad política y creo que esa voluntad está en la mesa. Se ha visto incluso en el Pacto por México, que existe el compromiso de los tres partidos más importantes del país, de que este punto de impartición de justicia, de impulsar un Código Único sea una prioridad, lo que le da un giro de 180 grados, donde las entidades tienen claridad de que esta reforma ni se va a ir más allá ni se va a dejar de hacer, el objetivo es tener un mejor sistema de justicia.
Fromow Rangel señala: “Setec es una instancia concretamente de tejer redes, alianzas, liderazgos a lo largo de todo el país, y tenemos tres estados que hoy tienen completados sus sistema de justicia, que están en una fase todavía de estar haciendo ajustes; y nos va a fortalecer ir tomando esta experiencia de los estados que van más - avanzados para impulsar a las entidades que requieren acelerar la implementación.
¿Cuáles son las acciones que realizan para cumplir el plazo?
Estamos trabajando en el plan estratégico a partir de un diagnóstico situacional de cada una de las entidades federativas, para generar una asistencia técnica de forma muy efectiva. En términos generales, hoy sabemos que tres estados ya tienen su implementación total, pero hay diez estados que la tienen parcial; siete más van a entrar en operación este año, otros dos más en 2014 . En Hidalgo estamos impulsando que sea este año, y con el Distrito Federal y Colima estamos trabajando para que puedan emitirse las disposiciones legislativas lo antes posible.
También se revisaron las políticas para otorgar subsidios, “buscamos como podríamos eficientar y acelerar el otorgamiento de los mismos; hoy estas políticas están en la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), que es realmente un paso acelerado. Esperamos que en algunos días podamos ya estarlas publicando”; adelantó que entre los requisitos estará el que se erogue 100% de los recursos, totalmente comprobados y utilizados para la implementación del sistema a final del año.
La fórmula, a través de la que se distribuirán los 458 millones de pesos para las 32 entidades, atenderá criterios como población, incidencia delictiva, avance en la implementación del sistema, “todos estos elementos se conjugan, pero con mayor transparencia, son muy pocos los recursos de Setec si los comparamos con lo que se requiere, ya que realmente las inversiones significan muchísimo más para poner en práctica este sistema”, reconoce.
Además se buscan otras fuentes de financiamiento, como fondos ya destinados al tema de seguridad, pues no se puede olvidar que varios actores están involucrados en el proceso: policías, procuradurías, peritos, defensores, jueces, etc., “entonces las cantidades que tiene Setec es una pequeña parte, como un fondo semilla que ayude a los estados”.
Fromow destacó además que también se cuenta con aliados claves como los gobiernos de Estados Unidos, Chile y España, entre otros, que han compartido su experiencia, y seguirán colaborando con México, en temas como la capacitación como los más de 200 instructores de la Setec, certificados por las autoridades estadounidenses que replicarán por todo el país, en la práctica, el nuevo sistema entre todos los actores implicados, entre los que también están defensores de oficio y abogados.
La funcionaria sabe que en el camino habrá resistencias, pero también que es “un momento de quiebre de todo nuestro sistema de justicia”, y en el proceso hay una señal clara para quienes no sabían qué pasaría con el cambio de administración: “El presidente ha pedido que se acelere la implementación, que se haga en el menor tiempo posible”.
lunes, 25 de febrero de 2013
http://www.youtube.com/watch?v=Q-wPvwh_K7s
Aqui se les presenta un video del analisis del nuevo sistema de justicia en México expuesto por el Dr. Miguel Carbonell.
Aqui se les presenta un video del analisis del nuevo sistema de justicia en México expuesto por el Dr. Miguel Carbonell.
domingo, 24 de febrero de 2013
IMPORTANCIA DE LOS JUICIOS ORALES EN MEXICO
Hoy en día México enfrenta grandes retos en materia de seguridad pública e impartición de justicia. Asimismo, existen enormes desafíos en materia de combate a la delincuencia organizada. Vivimos una situación donde el gobierno debe poner sobre la mesa reformas, herramientas eficientes de política pública, mecanismos de rendición de cuentas y la sociedad debe participar activamente, y vigilar su desempeño. Cabe señalar que también preexisten profundas problemáticas que de igual forma nos afectan e involucran como las que vive nuestro sistema de justicia penal. Un balance en términos generales le adjudica una costosa deuda histórica por la serie de injusticias, que por su forma, se han suscitado de forma sistemática.
Afortunadamente, la reforma a la Constitución mexicana aprobada en el 2008, estableció un nuevo sistema de justicia penal acusatorio y oral, que plantea los principios relativos a la publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación, es una reforma que da un giro total a la forma en que se ha venido procurando e impartiendo justicia en México desde hace décadas. Debemos aclarar que los juicios orales son sólo una parte de esta gran reforma y que el debido proceso legal, no sólo depende de los jueces, también entra la responsabilidad y competencia de las distintas autoridades que participan en un proceso penal como las policías de investigación, los peritos y el Ministerio Público, que dependen directamente del poder Ejecutivo y no del Judicial.
Como consecuencia de mal desempeño de la autoridad, se señala que en esta nueva forma de enjuiciamiento los delincuentes adquieren impunidad. Y que en ese sentido, el nuevo sistema desprotege a las víctimas. Pero no es cierto. Me gustaría señalar que en este caso, en principio, fue responsabilidad de la policía ministerial no realizar una adecuada investigación; después, que la sentencia de primera instancia (la absolutoria) se revirtió en la segunda (la condenatoria) en un término de 17 días; fue responsabilidad de las policías no re-aprehender al condenado; y que también fue responsabilidad de la policía no dar protección a la madre en su activismo de protesta; finalmente, es claro que
el sistema acusatorio permitió conocer los pormenores del juicio y los razonamientos de los actores en el proceso, que permitió la auto corrección.
Hoy en día México enfrenta grandes retos en materia de seguridad pública e impartición de justicia. Asimismo, existen enormes desafíos en materia de combate a la delincuencia organizada. Vivimos una situación donde el gobierno debe poner sobre la mesa reformas, herramientas eficientes de política pública, mecanismos de rendición de cuentas y la sociedad debe participar activamente, y vigilar su desempeño. Cabe señalar que también preexisten profundas problemáticas que de igual forma nos afectan e involucran como las que vive nuestro sistema de justicia penal. Un balance en términos generales le adjudica una costosa deuda histórica por la serie de injusticias, que por su forma, se han suscitado de forma sistemática.
Afortunadamente, la reforma a la Constitución mexicana aprobada en el 2008, estableció un nuevo sistema de justicia penal acusatorio y oral, que plantea los principios relativos a la publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación, es una reforma que da un giro total a la forma en que se ha venido procurando e impartiendo justicia en México desde hace décadas. Debemos aclarar que los juicios orales son sólo una parte de esta gran reforma y que el debido proceso legal, no sólo depende de los jueces, también entra la responsabilidad y competencia de las distintas autoridades que participan en un proceso penal como las policías de investigación, los peritos y el Ministerio Público, que dependen directamente del poder Ejecutivo y no del Judicial.
Como consecuencia de mal desempeño de la autoridad, se señala que en esta nueva forma de enjuiciamiento los delincuentes adquieren impunidad. Y que en ese sentido, el nuevo sistema desprotege a las víctimas. Pero no es cierto. Me gustaría señalar que en este caso, en principio, fue responsabilidad de la policía ministerial no realizar una adecuada investigación; después, que la sentencia de primera instancia (la absolutoria) se revirtió en la segunda (la condenatoria) en un término de 17 días; fue responsabilidad de las policías no re-aprehender al condenado; y que también fue responsabilidad de la policía no dar protección a la madre en su activismo de protesta; finalmente, es claro que
el sistema acusatorio permitió conocer los pormenores del juicio y los razonamientos de los actores en el proceso, que permitió la auto corrección.
jueves, 21 de febrero de 2013
JUICIOS ORALES EN MÉXICO
¿Están funcionando los juicios orales en México?
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En junio de 2008 se realizó una reforma constitucional que implica una profunda transformación del sistema de justicia penal en nuestro país. Se busca revertir los problemas del sistema de justicia tradicional, que se puede simplificar para efectos de este texto en problemas cualitativos o de justicia y problemas cuantitativos o de ineficiencia.
De justicia, porque tiene un modelo procesal inquisitivo y autoritario en el que las ineficiencias de la policía y del ministerio público están “subsidiadas”. El gran ausente es el juez, quien no preside las audiencias y las delega en sus colaboradores. En muchos casos se violan los derechos humanos de víctimas y acusados y sólo en algunos casos, después de prolongados procesos de amparo, se pueden revertir esas arbitrariedades (en no pocas ocasiones, después de años de prisión).
Por lo que se refiere a la ineficiencia, se tiene un sistema anquilosado que mantiene los formalismos y el modelo de gestión de hace cientos de años, con la elaboración de un expediente escrito. Según las encuestas de victimización, sólo se reportan 15 de cada 100 delitos; sin embargo, con eso basta para tener al sistema penal al borde del colapso: sólo una de cada cuatro investigaciones se resuelven; los funcionarios, abrumados, toman mecanográficamente las declaraciones de los participantes; las audiencias se realizan uno o dos meses después de solicitadas y con frecuencia se difieren. Además, 75% de los recursos de las procuradurías y del poder judicial está volcado en los casos menores.
En la actualidad, el nuevo sistema penal se ha comenzado a instrumentar en una tercera parte de los estados: Chihuahua y Oaxaca (2007); Zacatecas (2008); Estado de México, Morelos y Durango (2009), y Baja California (2010). Recientemente se ha aprobado una legislación que instrumenta el Sistema de Justicia Penal Acusatorio y Adversarial (saa) en los estados de Hidalgo, Guanajuato, Nuevo León y Puebla. En el Congreso de la Unión se discute actualmente la legislación penal y procesal que instrumentaría la reforma en el ámbito federal.
Desde 2010 se ha venido realizando un estudio de seguimiento de los procesos de implementación de la reforma penal. Este trabajo ha sido posible gracias al apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En virtud de los resultados obtenidos, se puede confirmar que en los estados que han instrumentado la reforma penal se están registrando profundas transformaciones en el sentido esperado. Por el alcance y la extensión de este texto, bosquejaremos sólo los principales hallazgos de esta investigación.
***En el nuevo sistema penal los delitos menores no violentos o no internacionales se resuelven por mecanismos alternativos, permitiendo al ministerio público dedicar más recursos a la persecución en tribunales de los delitos de mayor impacto social***.
El nuevo modelo procesal propicia un servicio de justicia de mayor calidad, con mejor capacidad de investigación técnica del ministerio público. Los recursos, capacidad y desempeño de los defensores públicos han sido una de las áreas donde mayores mejoras se pudieron apreciar. También los juzgadores presiden todas las audiencias y su capacidad de conducción y de velar por el respeto a los derechos fundamentales de víctimas, ofendidos e imputados. Las víctimas tienen nuevos derechos que pueden defender directamente y pueden impugnar las acciones indebidas o la pasividad del ministerio público.
El abuso de la prisión preventiva se está reduciendo. En los estados con reforma se ha dejado de sobre-criminalizar delitos menores con la prisión preventiva. Mientras que en los estados sin reforma 43% de los reclusos no tienen sentencia, entre los estados con reforma, Zacatecas tiene 30% de presos sin condena y Nuevo León, 28%. Un ejemplo muy claro se da en Oaxaca: en las dos regiones reformadas, la prisión preventiva aqueja a 24% de los reclusos, mientras que en las seis regiones sin reforma la prisión preventiva alcanza a 50% de la población penitenciaria.
En relación con el denominado “error judicial” ,personas procesadas y en ocasiones encarceladas que después de un proceso penal finalmente son absueltos, un número significativo de casos revela que las “aduanas” del proceso no funcionaron para reducir a su menor expresión los actos de molestia sin fundamentos suficientes.
En nuestro país la tasa de absolución es de 11.5%, unas 23 mil personas al año. Los estados sin reforma tienen una tasa de absolución de 12.7%. Las regiones del país con reforma penal presentan los indicadores más bajos de esta variable: Chihuahua, 2.1%; Zacatecas, 2.7%, y Oaxaca, 3 por ciento.
En lo que se refiere a la capacidad de respuesta y a la eficiencia (desafíos cuantitativos) de la investigación, mientras que en el sistema tradicional apenas se resuelve una de cada cinco investigaciones (26%), en los estados con reforma la justicia alternativa y las salidas alternativas permiten concluir una mayor proporción de asuntos. Todos los estados con reforma, con excepción de Morelos (23%), tienen una tasa de resolución de investigaciones superior a ese promedio nacional de 26%, desde Zacatecas con 33% hasta Chihuahua con 42.4% (arriba de 60% más que el promedio nacional). Esta mayor tasa de esclarecimiento y conclusión de las investigaciones aumenta la probabilidad de captura y reduce por tanto la tasa de impunidad.
Por otra parte, aunque son menos los casos que están llegando al proceso penal, los que llegan ante los jueces corresponden, en general, a delitos con mayor grado de violencia y de impacto social.
En los estados sin reforma, todavía 37.5% de las condenas son de menos de un año y 27.1% son sanciones de entre uno y tres años de prisión; esto es, 64.6% de las condenas corresponden a delitos menores; en cambio, en el nuevo sistema los delitos menores no violentos o no intencionales se resuelven por mecanismos alternativos, permitiendo al ministerio público dedicar más recursos a la persecución en tribunales de los delitos de mayor impacto social.
Se han documentado buenas prácticas en diversos estados analizados, como la existencia de instancias autónomas de atención temprana (Chihuahua, Baja California, Durango), el fortalecimiento de las áreas de seguimiento de acuerdos reparatorios y de medidas judiciales (Chihuahua), y la creación de programas de atención y protección a víctimas (Chihuahua). En la mayoría de los estados con reforma se impulsa la instrumentación de nuevos modelos de gestión y sistemas computacionales para la organización y distribución del trabajo. Hemos constatado la vocación y el compromiso de los servidores públicos de la seguridad y la justicia penal con el sistema acusatorio y adversarial.
Los estados con reforma están generando información de gran calidad y cada vez la comunican mejor para mostrar los avances del sistema. Estados como Baja California han desarrollado indicadores y se han comprometido con metas cuantificables. Las procuradurías y los tribunales mejoran su capacidad de comunicación con la sociedad: Morelos ha impulsado campañas de difusión sobre las ventajas y la disponibilidad de nuevos instrumentos para el acceso a la justicia penal; el Poder Judicial de Durango ofrece un curso avalado por la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría del Consejo de Coordinación para la Implementación del Sistema de Justicia Penal sobre el nuevo sistema dirigido a periodistas y comunicadores. El gobierno de Baja California realiza encuestas periódicas para dar seguimiento al conocimiento ciudadano del proceso de reforma en marcha y su percepción sobre la operación del nuevo sistema de justicia.
Estos resultados destacan porque contrastan con las ineficiencias y deficiencias del sistema tradicional, pero no quiere decir que todo vaya sobre ruedas. Hay muchas áreas de mejora posible y enormes desafíos. En nuestro estudio también se han detectado áreas de oportunidad y lecciones que deben ser aprendidas.
En algunos estados el ministerio público sigue actuando con protocolos y rutinas heredadas del anterior sistema y que ya no son consistentes con el nuevo modelo (en algunos casos se siguen capturando mecanográficamente las declaraciones en vez de videograbar y tomar notas, o se siguen cosiendo a mano farragosas “carpetas de investigación”). En uno de los estados visitados todavía se trabaja bajo la lógica del turno de 24 por 24 horas, lo que no es compatible con los requerimientos procesales del nuevo modelo; en Oaxaca el ministerio público que investiga todavía es distinto del que litiga y defiende esa investigación ante los jueces (afortunadamente la Procuraduría está trabajando para terminar con esa anomalía). El ministerio público sigue siendo el cuello de botella y requiere una reingeniería en todos sus procesos.
Falta intensificar en algunos casos la simplificación y desformalización de los procedimientos de las salidas alternativas, pues aunque los casos resueltos por esta vía se llevan sólo entre 30 y 45 días (frente a los más de 150 días promedio del sistema tradicional), podrían tomar todavía menos tiempo, y siguen consumiendo más recursos humanos y materiales de lo necesario. Por ejemplo, en Oaxaca todavía la mitad de los casos llevados ante los jueces se canalizan a justicia alternativa y a salidas alternativas. Aquí hay mucho por hacer.
La aceptación de la ciudadanía y la legitimación social de la justicia alternativa, del criterio de oportunidad y de mecanismos como la suspensión del procedimiento a prueba y el procedimiento abreviado, como formas adecuadas y justas de resolver los asuntos penales, son fundamentales para el arraigo del nuevo sistema. En los estados visitados, la tasa de cumplimiento de los acuerdos reparatorios oscila entre 89 y 93%, lo que es muy satisfactorio y tiene que difundirse. Asimismo, tiene que darse seguimiento a los casos de incumplimiento. Se está proponiendo un estudio de satisfacción de usuarios de los mecanismos de justicia restaurativa y alternativa, así como de las salidas alternativas.
En el nuevo sistema, la profesionalización y el servicio civil de carrera son también un gran desafío. Los políticos deben de comprometerse a respetar los perfiles de los funcionarios y la trayectoria en el servicio público en un área tan especializada y delicada como es la justicia penal. En tres de los estados en los que realizamos el estudio hubo elecciones (Chihuahua, Oaxaca y Zacatecas) y pudimos constatar una rotación de personal significativa con el cambio de gobierno. En muchos casos, personas muy capacitadas, en las que se habían invertido muchos recursos de capacitación para el nuevo sistema, dejaron las instituciones. Muchos de los nuevos funcionarios proceden del sistema tradicional y no siempre han recibido una capacitación suficiente; en algunos casos, han ido aprendiendo sobre la marcha con el apoyo de colegas de mayor experiencia.
Los juicios orales son una esperanza para construir un mejor sistema de justicia penal para las generaciones venideras. Muchos mexicanos están luchando todos los días por consolidarlo en los estados con reforma y construirlo en los estados que planean y preparan su instrumentación. Se está demostrando que se tiene el talento y la capacidad en México para satisfacer los estándares internacionales y para generar buenas prácticas y casos exitosos que pueden ser replicados en otras latitudes.
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JUICIOS ORALES
MÁS ALLÁ DE LOS JUICIOS ORALES Y EL DEBIDO PROCESO EN MÉXICO
Por Ernesto Canales Santos*
Hoy en día México enfrenta grandes retos en materia de seguridad pública e impartición de justicia. Asimismo, existen enormes desafíos en materia de combate a la delincuencia organizada. Vivimos una situación donde el gobierno debe poner sobre la mesa reformas, herramientas eficientes de política pública, mecanismos de rendición de cuentas y la sociedad debe participar activamente, y vigilar su desempeño. Cabe señalar que también preexisten profundas problemáticas que de igual forma nos afectan e involucran como las que vive nuestro sistema de justicia penal. Un balance en términos generales le adjudica una costosa deuda histórica por la serie de injusticias, que por su forma, se han suscitado de forma sistemática. Afortunadamente, la reforma a la Constitución mexicana aprobada en el 2008, estableció un nuevo sistema de justicia penal acusatorio y oral, que plantea los principios relativos a la publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación, es una reforma que da un giro total a la forma en que se ha venido procurando e impartiendo justicia en México desde hace décadas. Debemos aclarar que los juicios orales son sólo una parte de esta gran reforma y que el debido proceso legal, no sólo depende de los jueces, también entra la responsabilidad y competencia de las distintas autoridades que participan en un proceso penal como las policías de investigación, los peritos y el Ministerio Público, que dependen directamente del poder Ejecutivo y no del Judicial. Como todo gran cambio, sobre la marcha se van presentando grandes retos. Uno de los principales cuestionamientos que han recibido los juicios orales es que "incrementan" el número de casos de impunidad, es decir, hechos delictivos no sancionados. Un ejemplo muy significativo es el lamentable caso de Rubí Frayre.
Como consecuencia de mal desempeño de la autoridad, se señala que en esta nueva forma de enjuiciamiento los delincuentes adquieren impunidad. Y que en ese sentido, el nuevo sistema desprotege a las víctimas. Pero no es cierto. Me gustaría señalar que en este caso, en principio, fue responsabilidad de la policía ministerial no realizar una adecuada investigación; después, que la sentencia de primera instancia (la absolutoria) se revirtió en la segunda (la condenatoria) en un término de 17 días; fue responsabilidad de las policías no re-aprehender al condenado; y que también fue responsabilidad de la policía no dar protección a la madre en su activismo de protesta; finalmente, es claro que
el sistema acusatorio permitió conocer los pormenores del juicio y los razonamientos de los actores en el proceso, que permitió la auto corrección. Ciertamente la impunidad se traduce en la ausencia de justicia donde caen las víctimas y también en que las instituciones dejan de estar al servicio de los ciudadanos, se corrompen y no cumplen con sus fines. Pero es totalmente equivocado que a partir de errores concretos se señale que el nuevo sistema incrementa los índices de criminalidad con relación al sistema anterior, el inquisitivo. ¿Por qué? Vincular la incidencia delictiva con la eficiencia y el buen funcionamiento de un sistema penal en un país donde más del 90% de los delitos no se denuncia, es, repito, equivocado. Son delitos que quedan impunes, pero no por la mala actuación de la autoridad, independientemente del sistema que aplique, sino por su ausencia. Dos de los principales controles a la impunidad que contemplan los juicios orales es la publicidad y la existencia controles directos e indirectos al desempeño de los jueces. En el primer punto, la posibilidad de que la ciudadanía pueda presenciar una audiencia, genera en automático un mecanismo de transparencia y rendición de cuentas. En el segundo, el que sean dos figuras distintas (juez de control y juez de juicio oral) en las que recaiga la competencia jurisdiccional en la primera instancia, se logra la imparcialidad a través de pesos y contrapesos. En el sistema pasado recaía en una sola persona. Además, un control indirecto al desempeño de la actividad judicial es que en el nuevo sistema existe la posibilidad de resarcir errores judiciales frente una sentencia equivocada. Así, se va generando un historial que sirve de advertencia para que los jueces realicen bien su trabajo. Ante la falta de capacitación de los operadores, corporaciones policiacas y órganos judiciales, aunado a la deficiente concientización que arraigue la presunción de inocencia a la mentalidad de dichos actores, debemos tener más que nunca la cabeza fría para exigir mejoras y correcciones. El sistema acusatorio y los juicios orales son mejorables en la práctica, pero los principios de operación ya están establecidos. A todo acrecentamiento del poder debe corresponder un vigorizamiento de los controles, un mejoramiento de las garantías y un acentuamiento de las responsabilidades. Esto es lo que en términos generales nos ofrece esta nueva forma de hacer justicia. Más poder sustentado en la exigencia de un mejor desempeño profesional (y no a través de facultades discrecionales por parte de las policías y el Ministerio Público), más control y mejores garantías al establecer nuevas figuras que sirven de contrapesos (como son los jueces de control); y superiores responsabilidades (al permitir la libre valoración de las pruebas durante el juicio, cuya lógica no puede escapar a los hechos, las pruebas, los argumentos y las contradicciones planteadas).
Estamos hablando de un nuevo sistema apegado al debido proceso legal, respetuoso de la presunción de inocencia y los derechos establecidos en instrumentos internacionales. Como se indica en la Declaración Universal de Derechos Humanos, derecho de la persona a "ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal". Es un derecho de especial importancia porque, junto con el derecho a un recurso, tutela todos los demás derechos de la persona. Para concluir, es de suma importancia enfocar los retos que está enfrentando la implementación de los juicios orales y la reforma penal. El gobierno es responsable de garantizar que dicho proceso se lleve a cabo de forma adecuada. Pero también es responsabilidad de la ciudadanía entender y vigilar esta gran transformación. Desde luego que no son justificables los errores particulares suscitados desde el nuevo sistema, pero ¿qué sucede con los costos provocados por el viejo sistema? El opaco, el discrecional, el que desprotege los derechos de la víctima, el que permite la prisión preventiva como la regla y no como la excepción, y en consecuencia, provoca la proliferación de "presuntos culpables". Es de suma importancia ver más allá de la forma en la que se nos está planteando el tema de juicios orales y el debido proceso en México. ¿Es la solución aferrarse a un sistema rebasado e inoperante en nuestro país? Lo dudo bastante. Los retos son más amplios y el primer paso es contar con el diagnóstico adecuado, el conocimiento y el criterio suficiente para enfrentarlos, tanto por parte del gobierno como de la ciudadanía.
Por Ernesto Canales Santos*
Hoy en día México enfrenta grandes retos en materia de seguridad pública e impartición de justicia. Asimismo, existen enormes desafíos en materia de combate a la delincuencia organizada. Vivimos una situación donde el gobierno debe poner sobre la mesa reformas, herramientas eficientes de política pública, mecanismos de rendición de cuentas y la sociedad debe participar activamente, y vigilar su desempeño. Cabe señalar que también preexisten profundas problemáticas que de igual forma nos afectan e involucran como las que vive nuestro sistema de justicia penal. Un balance en términos generales le adjudica una costosa deuda histórica por la serie de injusticias, que por su forma, se han suscitado de forma sistemática. Afortunadamente, la reforma a la Constitución mexicana aprobada en el 2008, estableció un nuevo sistema de justicia penal acusatorio y oral, que plantea los principios relativos a la publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación, es una reforma que da un giro total a la forma en que se ha venido procurando e impartiendo justicia en México desde hace décadas. Debemos aclarar que los juicios orales son sólo una parte de esta gran reforma y que el debido proceso legal, no sólo depende de los jueces, también entra la responsabilidad y competencia de las distintas autoridades que participan en un proceso penal como las policías de investigación, los peritos y el Ministerio Público, que dependen directamente del poder Ejecutivo y no del Judicial. Como todo gran cambio, sobre la marcha se van presentando grandes retos. Uno de los principales cuestionamientos que han recibido los juicios orales es que "incrementan" el número de casos de impunidad, es decir, hechos delictivos no sancionados. Un ejemplo muy significativo es el lamentable caso de Rubí Frayre.
Como consecuencia de mal desempeño de la autoridad, se señala que en esta nueva forma de enjuiciamiento los delincuentes adquieren impunidad. Y que en ese sentido, el nuevo sistema desprotege a las víctimas. Pero no es cierto. Me gustaría señalar que en este caso, en principio, fue responsabilidad de la policía ministerial no realizar una adecuada investigación; después, que la sentencia de primera instancia (la absolutoria) se revirtió en la segunda (la condenatoria) en un término de 17 días; fue responsabilidad de las policías no re-aprehender al condenado; y que también fue responsabilidad de la policía no dar protección a la madre en su activismo de protesta; finalmente, es claro que
el sistema acusatorio permitió conocer los pormenores del juicio y los razonamientos de los actores en el proceso, que permitió la auto corrección. Ciertamente la impunidad se traduce en la ausencia de justicia donde caen las víctimas y también en que las instituciones dejan de estar al servicio de los ciudadanos, se corrompen y no cumplen con sus fines. Pero es totalmente equivocado que a partir de errores concretos se señale que el nuevo sistema incrementa los índices de criminalidad con relación al sistema anterior, el inquisitivo. ¿Por qué? Vincular la incidencia delictiva con la eficiencia y el buen funcionamiento de un sistema penal en un país donde más del 90% de los delitos no se denuncia, es, repito, equivocado. Son delitos que quedan impunes, pero no por la mala actuación de la autoridad, independientemente del sistema que aplique, sino por su ausencia. Dos de los principales controles a la impunidad que contemplan los juicios orales es la publicidad y la existencia controles directos e indirectos al desempeño de los jueces. En el primer punto, la posibilidad de que la ciudadanía pueda presenciar una audiencia, genera en automático un mecanismo de transparencia y rendición de cuentas. En el segundo, el que sean dos figuras distintas (juez de control y juez de juicio oral) en las que recaiga la competencia jurisdiccional en la primera instancia, se logra la imparcialidad a través de pesos y contrapesos. En el sistema pasado recaía en una sola persona. Además, un control indirecto al desempeño de la actividad judicial es que en el nuevo sistema existe la posibilidad de resarcir errores judiciales frente una sentencia equivocada. Así, se va generando un historial que sirve de advertencia para que los jueces realicen bien su trabajo. Ante la falta de capacitación de los operadores, corporaciones policiacas y órganos judiciales, aunado a la deficiente concientización que arraigue la presunción de inocencia a la mentalidad de dichos actores, debemos tener más que nunca la cabeza fría para exigir mejoras y correcciones. El sistema acusatorio y los juicios orales son mejorables en la práctica, pero los principios de operación ya están establecidos. A todo acrecentamiento del poder debe corresponder un vigorizamiento de los controles, un mejoramiento de las garantías y un acentuamiento de las responsabilidades. Esto es lo que en términos generales nos ofrece esta nueva forma de hacer justicia. Más poder sustentado en la exigencia de un mejor desempeño profesional (y no a través de facultades discrecionales por parte de las policías y el Ministerio Público), más control y mejores garantías al establecer nuevas figuras que sirven de contrapesos (como son los jueces de control); y superiores responsabilidades (al permitir la libre valoración de las pruebas durante el juicio, cuya lógica no puede escapar a los hechos, las pruebas, los argumentos y las contradicciones planteadas).
Estamos hablando de un nuevo sistema apegado al debido proceso legal, respetuoso de la presunción de inocencia y los derechos establecidos en instrumentos internacionales. Como se indica en la Declaración Universal de Derechos Humanos, derecho de la persona a "ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal". Es un derecho de especial importancia porque, junto con el derecho a un recurso, tutela todos los demás derechos de la persona. Para concluir, es de suma importancia enfocar los retos que está enfrentando la implementación de los juicios orales y la reforma penal. El gobierno es responsable de garantizar que dicho proceso se lleve a cabo de forma adecuada. Pero también es responsabilidad de la ciudadanía entender y vigilar esta gran transformación. Desde luego que no son justificables los errores particulares suscitados desde el nuevo sistema, pero ¿qué sucede con los costos provocados por el viejo sistema? El opaco, el discrecional, el que desprotege los derechos de la víctima, el que permite la prisión preventiva como la regla y no como la excepción, y en consecuencia, provoca la proliferación de "presuntos culpables". Es de suma importancia ver más allá de la forma en la que se nos está planteando el tema de juicios orales y el debido proceso en México. ¿Es la solución aferrarse a un sistema rebasado e inoperante en nuestro país? Lo dudo bastante. Los retos son más amplios y el primer paso es contar con el diagnóstico adecuado, el conocimiento y el criterio suficiente para enfrentarlos, tanto por parte del gobierno como de la ciudadanía.
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